Yo creía..

Si, lo creía. Estaba seguro de que los días venideros serían semejantes, casi iguales a los inmediatamente pasados. Tan solo si alargas la mirada podrías ver alguna diferencia entre las mañanas de hace años con la de hoy.

Las mismas amanecidas, los mismos fríos en enero y los mismos anhelos de éste en Junio, todo casi igual. Pensaba que había vencido a la vida; que ya no tenía capacidad de sorpresa conmigo, ¡con qué podría sorprenderme! a mi? que no ansío riquezas ni ambrosías, ni hedonistas veladas. Soy frugal, en prácticamente todo.

Pero hete aqui, que ésta meretriz, arpía, que es la vida que nos lleva, estaba agazapada, escondida. La celada preparada y yo su victima, incauta, infeliz, sin mas defensa que las almenas del amor, he caido de hoz y coz en sus fauces.

Con sus dedos me ha abierto los parpados, me ha destapado la boca y me ha despertado del sueño conformista. Ahora, me como las tardes, las mañanas me acarician y el aire trae una continua levedad que nunca advertí. Me ha hecho levantar la cerviz y mirar a lo lejos, olvidarme del próximo paso y mirar allí, donde está lo eterno. Me ha despojado de casi todo, y para que no tuviera frío me ha arropado con el amor, solo con el amor.

body of water near trees during sunset

Pero cómo lo ha hecho? cómo es posible que haya estado atesorando todo eso y yo disperso sin reparar en lo importante?. Cómo puede ser que en un solo momento haya podido quitar importancia a lo que no la tiene, y llenarme los bolsillos de miradas y oraciones….¿cómo lo has hecho?

-muy fácil…con sólo dos palabras : “tienes cáncer.”

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Soren

Secuestro en casa

Ni siquiera hizo falta que la vida fuera en serio. Soy débil con la gente, cualquier sonrisa me desarma y tira por los suelos mi hierático desdén.

Ahora estoy aquí escondido, en el sotano, esperando que se vaya. Me ha buscado estos meses. Ha gritado mi nombre y rebuscado entre las macetas.

Ya le queda poco, se va a ir. El otoño se adivina a lo lejos, y echará al verano de mi casa, podre salir de detrás del frigorífico.

Soren

Andar de nuevo

Este poema surgido por y dedicado al pequeño Gabriel, el “pececito”.

 A todos los niños G.

 

Llueve.
Llueven gotas en el plástico,
se asfixian los peces de plastilina
con bocanadas azules.

Mueren las lagrimas en comisuras
de labios estirados.
Los doctores con fonendos
van auscultando los pozos,
las aguas, los corazones.

Lo negro, el estiércol
que vomitan por su boca grande
todas las pantallas.

Mientras en la playa se oculta
un sol con dientes que se lleva con él
la cadencia del andar.

Los almendros ya no serán vistos
y sus blancas flores se tiñen de fucsia
para nadie, solo para la lluvia.

¿Quien parará este tsunami?
¿Quien detendrá la epidemia?
¿Cuantos harán falta?

Como agua vertida
nos impregna la violencia
lo feo, lo negro, lo final, la nada.

Pensando que no hay remedio,
le ponemos tiritas a los peces
en los charcos.

Al menos, uno de ellos, tan solo uno
herido nada en el mar.

Soren

Poema ganador del 4º certamen del Premio Nacional de Poesía “Miguel Baón”, 2018.

 

DUELO

Como se vive sin días,

con el reguero de tu recuerdo

en el desierto de tu presencia.

 

Perdiéndose la luz de mis faros,

difuminándose en las olas de tu pecho ausente.

Mis armas abrazan los miedos de tu lejanía,

de tu silencio.

 

Quedaron mis restos en el blanco

campo de batalla de una noche.

El cansino martilleo de un día detrás de otro:

Tin, tan, tin tan.

 

Los agujeros de las noches vigías

se deslizan por tu pijama y huyen de madrugada.

Sentados a la mesa,

tu plato, tu pasado y mi presente

no responden a mis silencios.

 

Las puertas se rebelan y me miran por sus cerraduras.

Morir cada día resucitando

en tu aliento perdido,

en las ramas de tu sombra

y en lo profundo de tu hueco.

 

Del jardín ya se están yendo

Los caminos recorridos,

y los pueblan la maleza y los pasos del recuerdo.

 

Errabundo por el cieno

de los futuros ajenos,

de tus adioses enfermos que miran,

que sonríen

cuando el sol está cayendo.

 

Me descubro rebuscando en tus cajones

para hallar el desconsuelo,

y tal vez tus calcetines que no tienen compañero.

 

Tus camisas, tus desvelos, tu orden de los armarios.

El sonido, que parece atravesar la distancia,

me llama, que me necesitas.

 

Como cuando llegaba el invierno

Como cuando estabas conmigo

Como cuando no habías muerto.

 

Soren

Sueños- La tienda

-Perdón, ¿tiene usted una talla menor? Es que me quedan grandes.
-No sé, voy a mirar. No, para adultos esa es la más pequeña; pero puede probarse la talla grande en sueños de niño, quizás le valgan y tienen mejor género.

Soren

Olmo-Nostalgia

Volver a verla, después de 20 años. Pasear, mirar nuestro olmo cómplice; y allí arriba, donde grabé sus iniciales, el tiempo había construido un hueco, donde asomaba la hojarasca de un triste nido abandonado.

Soren

Futuro

A veces pensaba quien viviría su futuro, el que no consumirá. Quien vería sus amaneceres. Quien olería sus flores.
Oyó cerca el pitido del tren. Se acerco a las vías. Echo a volar mientras decía “a la mierda la quimio”.

Soren