Archivo mensual: octubre 2012

El pobre don Nicolas C.

Con esa exactitud tan característica de la ciencia se dirigía a su oponente.

-Ya ve vuesa merced, los guarismos lo demuestran. Es la prueba más consistente que se puede aportar: el refrendo de la aritmética. Quizás se haya dejado llevar por un exceso de imaginación, propiciada por sus largas noches de soledad en la torre, observando los cielos.

No obstante, maese Nicolas, me ha gustado departir con vuesa merced y rebatirle con todo mi arsenal numérico esa teoría suya. Venga cuando guste a visitarme, Claudio Ptolomeo está a su disposición…y no olvide, el cielo ha sido así siempre y seguirá siendo, por los siglos de los siglos.

Soren

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Eficientes Interinos

Con esa exactitud tan característica de la ciencia se atrevió a decir: “de seis a ocho meses, no más de ocho meses, depende de la evolución de la enfermedad”. Mientras miraba el expediente desde sus gafas de cerca.

Roberto no lo entendía. ¿Cómo podía complicarse tanto una hernia de hiato?, pero en fin, él había decidido entonces, viajar a las Maldivas y esperar la parca disfrutando de la vida. Hacía ya dos años de aquello.

Roberto jamás sabrá que ese año el despido de  interinos en el hospital, provocó un caos tremebundo, también en el archivo de expedientes.

Soren

La otra lógica

Con esa exactitud tan característica de la ciencia siguió esgrimiendo argumentos:

…ya lo sabes, partimos del axioma general, pero el juicio es independiente del número de teoremas que elijamos. Por ejemplo, si cogemos dos teoremas al azar y formulamos el silogismo del “modus tollens”, negando el segundo, tendremos la negación del teorema primero…..que es lo que tú no entendiste desde el principio…pero para proseguir tenemos que olvidarnos de Gödel y centrarnos únicamente en…

-Juan –interrumpió ella- yo solo quería darte un beso. Un beso sin raíz cuadrada…nada más.

Soren

Aristocrisis

Con esa dictadura exacta del reloj, aparecía a las dos  por el comedor. Traje, bastón, perilla y un monóculo caduco. Su sitio reservado al fondo, opaco a ruidos y molestias.

Con delectación cerraba los ojos y elevaba su nariz para apreciar el alguarín de olores que se mezclaban en la sala, garbanzos, sofritos, ajos, todos formaban la sinfonía diaria del mediodía.

Se prendió la servilleta y el vapor de la sopa le empañó el monóculo, después la carne y la tarta.

Con displicencia tomo su bastón y saliendo comentó: Sor Mercedes,..felicite al cocinero.

La monja esbozó una ligera una sonrisa.
Soren

La doctora.

De corazón y científicamente interesante, su expediente era extremadamente brillante. Máster en Columbia. La doctora más joven y más preparada del corazon de todo el hospital.

–          Entonces usted qué opina doctora….cree que mejoraré?

–          Pues ..no sé. Yo de estas cosas, de medicina me refiero no entiendo mucho. ¿Está usted de verdad enamorada? Su marido la quiere?

–          ¿Qué?  ..pues claro, supongo..¿a qué viene eso?

–          ..creo que a usted no la quieren lo bastante…

–          Ya, ya, pero y lo del soplo?

–      Ah, no se….yo soy doctora del  corazon.

Soren

Esta es mi ……

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Viendo esto se comprenden las palabras de Jesus :  esta es mi sangre….nada mas acertado y perfecto.

Soren

La oreja

De vez en cuando le gustaba limpiarse los oidos. Introducía con cuidado un bastoncillo y rebañaba delicadamente todo el pabellon. Tenía la teoría que de todo aquello que no quería escuchar se quedaba dentro de la oquedad auditiva.

Ese dia, al sacar el bastoncillo, prendido en él aparecieron tres o cuatro frases: “necesito ayuda”, otra “donde estas”, “te necesito”, “soy yo, y te estoy hablando, perdoname”.

Desde aquel dia todos en el trabajo le llamaban “Ramón, orejas sucias”.

Soren