Archivo mensual: septiembre 2011

Aniversario

¡Tachán!, gritó mientras abría de golpe la puerta del salón. El corcho de la botella de champan le dio en el gorro verde, después de rebotar en el techo. Tras él todos escrutaban la habitación buscando a Miriam.
Largas semanas de preparación con viejos amigos, compañeros de trabajo, el catering y lo más difícil, mantenerlo oculto hasta el día 25, decimo aniversario de boda. Faltaban muy pocos a este evento, solo Alberto, un viaje de última hora.
Miriam salió sonriendo, muy sorprendida, por la puerta del dormitorio. ¡Felicidades! gritaron, casi nadie advirtió que llevaba los botones de la camisa mal abrochados.

Soren

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Las duchas

Tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado, en primavera, con el sol acariciando nuestros cuerpos. –Le decía a Sara mientras miraba por la rendija del vagón-
-Ves, nos traen a trabajar, no tengas miedo. En la inscripción pone “Arbeit macht frei” que significa “el trabajo os hará libres”. Volveremos a casa dentro de unos meses.
El tren se detuvo. Bajaron a empellones. La nieve en los pies descalzos quemaba como ascuas incandescentes.
-Ves, ahora nos llevan a las duchas para que mañana estemos limpios y preparados para el trabajo. Yahvé no nos abandonará. No puede ser verdad todo eso que cuentan…

Soren

La mansion blanca

La tarde era soleada aunque el cielo amenazaba con descargar tormenta. La mochila pesaba poco, llevaba lo imprescindible: documentación, botellita de agua, chicles y el móvil. La fachada del edificio se le aparecía menos terrible que otras veces, siempre que pasaba por delante le daban escalofríos, pero ahora parecía más amigable, con esos enormes cristales en la entrada. Por el interior extensos pasillos mortecinos serpenteaban por el vientre de la bestia. ¿Sería capaz de pasar allí una noche? ¿Sería capaz de dormir? La apuesta había sido atrevida: una sola noche y vuelvo victorioso. Se acomodó en una cama pequeña de una de las cientos de habitaciones que estaban abiertas. El sol comenzaba a excusarse y la noche se adivinaba por lontananza. Apenas pasaban unos minutos de las nueve cuando se empezaron a oír pasos por los pasillos. Desde la rendija de la puerta se podían ver a cientos de figuras recorrer los pasillos, caras pálidas, muecas de dolor, largas túnicas blancas y azules. Algunos llevaban instrumentos metálicos con ruedas en las manos. Sin duda cuando anocheciera vendrían a su habitación, debería estar preparado. A pesar de que se encontraba débil, debía sacar fuerzas de flaqueza y defenderse. A eso de las diez se abría la puerta de pronto y una de esas figuras, sin duda una de las más importantes, entró y se dirigió hacia él. Tragó saliva y el corazón dobló sus pulsaciones…

– Señor Perez, no? ¿Es Ud. alérgico a algo?

 – No.

– Bien, pues si no hay novedad, es Ud. el primero en el quirófano para mañana. Sobre las ocho y media vendrán a por Ud.

Como había supuesto, vendrían a por él a las ocho y media.

 

Soren.

Clase de Historia

Y dio otro bocado al duro mendrugo de pan. Todos le miraron con sus ojos hundidos y sus cuerpos esqueléticos enfundados en sus raídos trajes a rayas. El frío en este “lager” se instalaba en las literas, al lado de las chinches. Deambulaban en silencio, tiritando y con la mirada baja. El hedor que emanaba del cubo que hacía de letrina era insoportable.
De pronto, se abrió la puerta y apareció un hombre, vistiendo un elegante chaqué. Atravesó con paso decidido la estancia y se detuvo ante él.
– Perdón, señor. Que dice la señora que cuanto le queda de su clase de historia…

El esofago de la sabana

“La noche es un enorme esófago”, me solías decir cuando movía el café después de la cena, zambullidos en la oscuridad la sabana. En África la luna brilla de otra forma. El ruido del silencio atronador. Apartados de todo, sumergidos en la negrura de la noche.

Siempre fuiste un alma inquieta, aventurera. Fue una de las cosas que me enamoró de ti.

Ahora estoy repitiendo sola, aquella cena. La misma hora, el mismo día. También hoy los mosquitos enredan la lámpara eléctrica. Tan solo me faltas tú y tus caricias para que esta noche sea igual de perfecta. ¡Malhaya, aquel león asesino!

 

Soren

La oración de todas las noches

Tu pelo desordenado. El brillo de tus ojos derriba mis defensas y me tiene atada a ti todas las noches. Cambias tu mundo de penurias por ambrosías. A tu lado, mirándote, sin pretender nada más, soy feliz. Cuidando tu sueño.

Todas las noches me esperas para el ritual, ansioso. Metódico procedes a la liturgia. Para mí estar contigo me es  suficiente. No pienso en mañana.

A veces, solo a veces, me asaltan los fantasmas y por un instante cuando la llama acaricia el reverso de la cuchara, pienso como una oración “que no sea demasiado pura”.

Soren

La Consulta

Llegaba tarde a la consulta. El trafico. Además el tiempo hacia de las suyas, lloviznas intermitentes.

Subió por la escalera hasta la ultima planta. Los tres últimos pisos pesaban en las piernas.

Al doblar el recodo del pasillo pudo ver la sala de espera repleta de sillas vacías. Se sorprendió agradablemente. Podría recuperar algo el tiempo perdido en el coche. Se sentó en una fila de frente a la ventana a través de la cual se divisaba una enorme chimenea roja. Sacó su iPhone y se inserto los auriculares para escuchar un podcast de ingles. Este invierno sí, seguro, aprendería ingles.

Por fin podría curarse de esta absurda enfermedad, que le llevaba amargando ya veinte años. En los últimos dos años se había hecho realmente insoportable.

Tras unos minutos, se abrió la puerta blanca y apareció una enfermera leyendo una lista.

-Señor Olivera?

-Si?

-Pase a la puerta numero dos y desnúdese completamente.

-¿Como?

-Que se desnude en esa cabina.

-Es necesario? Solo he venido a la consulta, no quiero ninguna prueba.

-Mire, a esta especialidad no se viene a “consulta”. Hay que hacer muchas pruebas, y siempre, siempre hay que desnudarse.

-Pensé que la consulta de “Perdón y reconciliaciones” no era tan complicada.

-Eso es lo que piensan todos…ande desnúdese completamente y no se quite la ropa.

Soren