Archivo mensual: mayo 2011

Cena en tiempos tranquilos

La cena se enfriaba en la mesa, después de esos diez segundos en silencio que parecieron toda una vida. La frase detuvo las cucharas a medio camino entre la sopa y la decepción:

–          Papá, me voy a afiliar a las Juventudes Hitlerianas, lo tengo decidido.

Mi hermano hacía tiempo que estaba raro, esa altanería, el pelo rapado al uno y ese desapego a las viejas tradiciones. Hacía varios meses que no pisaba la sinagoga.

La deriva del país en estos últimos meses no le gustaba nada a mi padre. Las discusiones en casa eran monumentales, aunque creo que no llegara la sangre al rio, supongo.

Oropel

Acabadas sus exequias, todo el oropel de su vida no logro arrancar ni una solo lágrima a su viuda.

Acabado el entierro, su madre miro con desprecio a su viuda,  a la que no logro arrancar una sola lágrima toda la dedicación de una vida.

Acabada su vida, sus hijos se dieron cuenta de que les iba a estropear el viaje a la nieve, ¡mierda de entierro!

Finalizado el duelo,  su amante no le quitaba ojo al hermano mayor, esbozando una irreverente sonrisa.

Cuando se marchaban del cementerio, su más íntimo amigo agarró por los hombros a la viuda.

Cuando terminó el funeral, su hermana musito un improperio para sí, cuando vio a la viuda marcharse con el amigo.

Cuando introdujeron la caja en el nicho, el vecino del tercero supo que no iba a cobrar los trescientos euros. Nunca se atrevería a pedírselos a su viuda. Desde la última vez en aquel hotel de carretera, juró que nunca más cruzaría palabra con ella.

A la vez que aspergía con el hisopo en la tumba, el párroco se dio cuenta de que llovería y no traía paraguas.

Tan solo cuando todos se hubieron ido llevándose consigo su ruido y sus miserias, se pudo oír a poca distancia de su tumba el quejido lastimero de su perro pachón, que lloraba como si de una madre, unos hijos, una esposa y un amigo se tratara.

Matematicas rimadas.

El curso había sido duro. Los alumnos agotan. Agotan mucho. Tan solo quedaba poner las notas finales y disfrutar la playa.
Era lo de siempre, algunos aprobaban holgado, otros, en cambio tuvieron poca suerte en la asignación del fosforo en su nacimiento. En general, salvo dos o tres alumnos, -que se convertirán sin duda, en adultos bien pagados, aburridos, divorciados e infelices- que sí tienen capacidad de sacrificio, los demás no tocan el texto en todo el año.
Fabio era la excepción. Taciturno, callado, raro. En Lengua, dice el tutor que es excelente, que escribe muy bien y hasta compone sonetos. Latín y Griego eran asignaturas que dominaba y estaba bastante puesto en Filosofía. Era raro que este alumno flojeara en Matemáticas, y más de la forma que lo hacía, con notas de 0 absoluto.
Hubiera sido fácil suspenderle y a otra cosa, pero había algo en sus exámenes que la intrigaba profundamente, y más cuando en este último, después de unas interminables sartas de números mezclado con denominadores y sumatorios, sin orden ni concierto aparentes, al final del examen escribió “…y este último poema se lo dedico a la profesora por su ayuda e incomprensión. Fabio”.

Angeles

Como los ángeles al caer el sol, así bajaba las escaleras del metro antes de anochecer, con su violín en el estuche. Se colocaba sentada en el andén y tocaba sonatas de Schubert a las galerías.
Hoy tenia mal sabor de boca, estaba cansada. El andén era un ir y venir de pitidos y trenes.
En un descanso, mientras mordía una manzana mirando hacia el túnel escucho el pitido cercano.
Y echando a volar pensó, ¡que se joda la “quimio”!.

Todo pasará

Esta mañana he vuelto a encontrar la tapa del váter levantada..lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a vomitar..
Cuidado que le digo que no se preocupe, que ya se pasará, que no piense en ello. Me dice que lo comprende, que no me preocupe….que saldremos de esta.
Se está quedando en los huesos…mañana pongo un cocido, a ver si puede ser.
Si estamos juntos todo va bien, al fin y al cabo no es el primero que se queda en el paro.

Los domingos ….caza

Todos apretujados en aquel enorme congelador. Unos junto a otros. Las enormes orejas de los conejos parecían arropar a las frágiles codornices. Los dientes desplazados de las liebres se rozaban con alguna pechuga de perdiz. No faltaba el colorido plumaje de un faisán, mirando con su ojo amarillo sin parpado.
Tendrían que vigilar su colesterol, tanta caza no era bueno. Es carne demasiado trabajada.
Pedro se perdía todos los domingos por el monte y volvía al final de la tarde con los animales engarzados en un mosquetón.
Elsa todavía no entiende esta nueva afición y sobre todo por qué nunca aparecen perdigones en la carne.