Tristes peritos

Tenía la sensación, hacía ya varias semanas, de que las cosas le sobrepasaban por encima de su cabeza, como cuando vueltos hacia la orilla, una ola nos golpea y empuja hacia la playa, así, de pronto, empujándote sin respeto, a vivir una situación nueva, una actividad distinta.

Tenía la sensación, hace ya varias semanas, de que el frasco de la luz se había derramado, y se extendía a lo largo de todo el día, llegando a los albores primigenios de la mañana y hasta los últimos confines del crepúsculo. El frasco en el suelo seguía dejando escapar la claridad entre medias de sus trozos rotos.

Últimamente su cuerpo se alteraba: su nariz se enrojecía y sus pulmones daban silbos dodecafónicos cuando se acostaba. Se sentía alterado distinto, expectante.

A todo ese alguarín de sensaciones el taciturno doctor lo llamó “astenia primaveral de tipo alérgico” y lo que es peor ” se te pasará en unos días”. Tristes peritos en primaveras los doctores iletrados.

 

Soren

(ya estoy de vuelta)

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