Graciela

Cerré la puerta despacio, sin hacer ruido. Al fondo de la habitación estaba la cama y ella medio desnuda me daba la espalda.  Me fijé que llevaba liguero y estaba despeinada. Graciela, me dijo mi padre que se llamaba.

–          “Ven muchachito, que te voy a hacer un hombre.” – dijo con una voz ronca de tabaco.

Después de una hora y secándome las lágrimas, acordamos que le diríamos a mi padre que yo había cumplido bien, muy bien y me dio un beso en la mejilla.

Soren

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