Clase de Historia

Y dio otro bocado al duro mendrugo de pan. Todos le miraron con sus ojos hundidos y sus cuerpos esqueléticos enfundados en sus raídos trajes a rayas. El frío en este “lager” se instalaba en las literas, al lado de las chinches. Deambulaban en silencio, tiritando y con la mirada baja. El hedor que emanaba del cubo que hacía de letrina era insoportable.
De pronto, se abrió la puerta y apareció un hombre, vistiendo un elegante chaqué. Atravesó con paso decidido la estancia y se detuvo ante él.
– Perdón, señor. Que dice la señora que cuanto le queda de su clase de historia…

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