Matematicas rimadas.

El curso había sido duro. Los alumnos agotan. Agotan mucho. Tan solo quedaba poner las notas finales y disfrutar la playa.
Era lo de siempre, algunos aprobaban holgado, otros, en cambio tuvieron poca suerte en la asignación del fosforo en su nacimiento. En general, salvo dos o tres alumnos, -que se convertirán sin duda, en adultos bien pagados, aburridos, divorciados e infelices- que sí tienen capacidad de sacrificio, los demás no tocan el texto en todo el año.
Fabio era la excepción. Taciturno, callado, raro. En Lengua, dice el tutor que es excelente, que escribe muy bien y hasta compone sonetos. Latín y Griego eran asignaturas que dominaba y estaba bastante puesto en Filosofía. Era raro que este alumno flojeara en Matemáticas, y más de la forma que lo hacía, con notas de 0 absoluto.
Hubiera sido fácil suspenderle y a otra cosa, pero había algo en sus exámenes que la intrigaba profundamente, y más cuando en este último, después de unas interminables sartas de números mezclado con denominadores y sumatorios, sin orden ni concierto aparentes, al final del examen escribió “…y este último poema se lo dedico a la profesora por su ayuda e incomprensión. Fabio”.

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