Angeles

Como los ángeles al caer el sol, así bajaba las escaleras del metro antes de anochecer, con su violín en el estuche. Se colocaba sentada en el andén y tocaba sonatas de Schubert a las galerías.
Hoy tenia mal sabor de boca, estaba cansada. El andén era un ir y venir de pitidos y trenes.
En un descanso, mientras mordía una manzana mirando hacia el túnel escucho el pitido cercano.
Y echando a volar pensó, ¡que se joda la “quimio”!.

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